martes, 4 de junio de 2013

Crisis Financieras
Mitigando sus efectos en el sector empresarial
Por Karen Watkins Fassler

Imagen recuperada de Google
En la historia reciente hemos sido testigos de diversas crisis financieras.  En los años 90, se presentaron episodios de crisis en América Latina, el Sudeste Asiático y Rusia.  Durante el 2008 el mundo fue víctima de una crisis financiera global y en la actualidad se vive aún la crisis en Europa.

Los economistas han tratado de entender y mitigar los efectos perversos de estas crisis.  Si bien existe mucha investigación sobre sus implicaciones macroeconómicas y el contagio internacional de las mismas, falta información sobre sus repercusiones microeconómicas.

Para reducir los efectos negativos de estas crisis en las empresas, se debe empezar por comprender las repercusiones de las mismas en el desempeño empresarial. Como segundo punto, hay que entender cómo estos efectos varían de acuerdo a diferencias entre las firmas y finalmente buscar patrones comunes y diseñar estrategias corporativas para reducir la vulnerabilidad  de las empresas ante las crisis macroeconómicas.

El ejercicio se facilita al tomar en cuenta que existen similitudes entre crisis pasadas y recientes; las crisis financieras son eventos recurrentes. A manera de ejemplo, vamos a abordar el tema contrastando la crisis mexicana de 1994 con la crisis española que inició en 2009.  Si bien hay similitudes en el ambiente empresarial mexicano y español y en los antecedentes de estas crisis, hay que resaltar también que estas crisis fueron enfrentadas de forma distinta, lo cual repercutió indudablemente en los resultados empresariales. En México el ajuste se dio vía devaluación. Eventualmente esto favoreció la competitividad y el empleo. En España el ajuste ha sido vía desempleo, por lo que es más difícil salir de la crisis.

Entorno empresarial mexicano
El entorno empresarial mexicano durante los años noventa no ha experimentado grandes cambios y rige aún en la actualidad. Las pequeñas y medianas empresas (PYMES) emplean el 70% de la fuerza de trabajo, representan el 95% de todas las firmas y aportan la mitad de la producción nacional. La mayoría de estas compañías son de propiedad familiar y pertenecen a los sectores de servicios y manufactura.

Son muy pocas las empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores; en 1994 había 147 firmas no financieras listadas y en la actualidad son aproximadamente 150. Éstas son compañías diversificadas, controladas por pocas familias influyentes, con nexos con el gobierno y los bancos (esto último siendo más visible durante los años 90).  Muchas de las empresas se organizan como grupos empresariales piramidales, donde una cabeza de grupo sostiene el control mediante una cadena de propiedad. Los mercados internos de capitales son una práctica común, lo cual permite el financiamiento dentro del mismo grupo.  Por otro lado, la mayoría de las empresas son locales (aunque en la actualidad esto está cambiando paulatinamente): producen para el mercado nacional y no se exponen a los mercados de capitales internacionales. La tabla a continuación evidencia lo anterior.



Entorno empresarial español
Si bien existen grandes empresas españolas internacionales en ciertos sectores como telecomunicaciones y servicios financieros, al igual que en México la mayoría de las firmas son PYMES locales. Alrededor del 80% de las compañías españolas tienen uno o dos empleados, y como en México, son de estructura familiar. En concordancia también con el entorno empresarial mexicano, la mitad de las firmas españolas pertenecen al sector de servicios.

Antecedentes de la crisis mexicana: 1990-1993
Previo a la crisis financiera de 1994, México estaba viviendo un proceso de liberalización financiera. Se privatizaron bancos, iniciaron operaciones nuevas entidades bancarias, servicios e instrumentos financieros, lo que generó una expansión importante para este sector. Junto con ello la inversión extranjera se incrementó debido a las buenas perspectivas económicas del país. Este optimismo económico se basaba, entre otras cosas, en un crecimiento promedio de la producción nacional del 4% anual, baja inflación, déficit fiscal controlado y la firma del NAFTA en el año 1993.

No obstante, existían algunos signos económicos negativos, tales como el aumento en el déficit de la cuenta corriente.  Esto, junto con el incremento de las tasas de interés en Estados Unidos de Norteamérica y  la tensión política de estos años (asesinato de políticos y conflicto armado en Chiapas), impulsó la salida de capitales y la necesidad de devaluar el peso mexicano.  México también presentaba niveles excesivos de riesgo financiero, debido a la expansión masiva del crédito acompañada por un análisis de crédito deficiente y una regulación inapropiada. Las empresas se encontraban vulnerables ante la aparición de la crisis, pues estaban altamente apalancadas, en su mayoría con deuda en dólares estadounidenses a corto plazo.

Antecedentes de la crisis española: 2007-2008
Al igual que en México, en España se vivía un ambiente de oportunidades financieras. Hubo un boom en el sector bancario durante el año 2007 y gran inversión extranjera, por el relativo optimismo de la economía española.  Si observamos las cifras, España registraba mayor crecimiento de la producción que el resto de Europa (3.8%), superávit del sector público (2.2% del PIB), además de ser una economía abierta, miembro de la Unión Monetaria Europea desde 1999.
Sin embargo, en línea con lo observado para México, España también presentaba algunos signos económicos negativos (su déficit de cuenta corriente aumentó 21% en el 2007), riesgo financiero y vulnerabilidad empresarial. En cuanto al riesgo financiero, hubo una fuerte expansión crediticia particularmente en el sector privado, que se duplicó como porcentaje del PIB de 2001 a 2008. Las empresas se mostraron vulnerables ante la aparición de la crisis por su alto apalancamiento (igual que en México), dadas las bajas tasas de interés y buenas opciones de crédito, y la caída en la competitividad que representó el 30% para el sector manufacturero- por citar un caso.

Crisis mexicana
La crisis en México inició el 20 de diciembre de 1994 con la devaluación del peso mexicano. Para frenar la salida masiva de capitales las tasas de interés domésticas se incrementaron (43%), la inflación en 1995 alcanzó el 52%, la producción nacional cayó 6.2% y hubo insolvencia bancaria.

Crisis española
La crisis en España comenzó en el 2009. Desde sus inicios esta crisis impactó fuertemente en el desempleo, el cual fue del 20% (y 40% para los jóvenes). El déficit fiscal representó el 11% del PIB, la producción cayó 3.6% y también hubo insolvencia bancaria.

Efectos empresariales en México
La crisis mexicana de 1994 hizo que quebraran muchas empresas y otras fueran seriamente afectadas. La devaluación del peso mexicano incrementó el valor en pesos de la deuda denominada en dólares estadounidenses. Además, el aumento en las tasas de interés domésticas subió el costo de la deuda en pesos.  Como resultado hubo un mayor costo de la deuda para las firmas. Junto con la reducción en las opciones crediticias y la demanda interna, surgieron problemas de liquidez y de solvencia.
Si vemos la cronología de la crisis en las empresas, nos percatamos que el deterioro de los estados financieros se dio a manera de shock entre el cuarto trimestre de 1993 y 1995. La recuperación de estos estados financieros (para las firmas sobrevivientes) inició gradualmente entre el primer trimestre de 1995 y el tercer trimestre de 1997.  No obstante, el resultado general fue que la crisis perjudicó incluso a las empresas sobrevivientes. La tabla a continuación muestra que durante la crisis hubo una caída tanto en el rendimiento sobre los activos como en el margen de ventas (ambas medidas de desempeño empresarial), los cuales sólo se recuperaron parcialmente posterior a la crisis.  Asimismo, estos resultados empresariales se tornaron más volátiles o dispersos (de acuerdo a la desviación estándar) durante y posterior a la crisis, lo cual señala un ambiente empresarial más riesgoso.



Si acercamos la lupa un poco más de cerca al sector empresarial, nos damos cuenta que si bien el resultado general de la crisis no fue favorable para las firmas, no todas tuvieron las mismas experiencias. Los sectores de minería y conglomerados se desempeñaron mucho mejor que los demás, gracias a su exposición a los mercados internacionales y la diversificación del riesgo por parte de los conglomerados. Los grandes perdedores en esta crisis fueron los sectores de servicios y construcción, por ser netamente locales y altamente apalancados. Por otro lado, aquellas empresas pertenecientes a grupos empresariales piramidales y de propiedad familiar tuvieron mejores resultados que las demás. Las que peor se desempeñaron fueron las que poseían vínculos bancarios, pues eran las más apalancadas y riesgosas.

Efectos empresariales en España
Igual que en México, en España las opciones de crédito y la demanda interna cayeron con la crisis. Muchas empresas han cerrado operaciones en los últimos años y los mayores daños se han presentado en los sectores de construcción y servicios personales-lo que coincide también con la experiencia mexicana.

Estrategias corporativas para enfrentar las crisis
La exposición anterior manifiesta las similitudes entre la crisis financiera mexicana de 1994 y la crisis española de 2009. Estas similitudes se observan tanto en los antecedentes de las crisis como en el entorno empresarial mexicano y español.  También se analizó cómo estas crisis repercuten en los resultados corporativos y cómo estos efectos varían de acuerdo a diferencias entre las firmas. Se buscaron los patrones comunes y como paso final se proponen las siguientes estrategias corporativas para reducir la vulnerabilidad  de las empresas ante las crisis macroeconómicas:

  1. Reducir los niveles de endeudamiento bancario y utilizar más los mercados de capitales y el crédito de proveedores.  El apalancamiento excesivo genera mayor vulnerabilidad ante las crisis y aumenta el riesgo de quiebra.
  2.  Diversificar el riesgo produciendo tanto para el mercado local como para el internacional.  Las empresas exportadoras dependen menos de las condiciones macroeconómicas locales. Además, la participación en mercados internacionales implica mejor regulación, transparencia y control corporativo, lo cual favorece al desempeño.
3.     Mantener los indicadores de liquidez altos, aunque en el corto plazo se sacrifiquen ganancias.  Esto aumenta la flexibilidad financiera de las empresas para enfrentar las crisis.
4.     Crear vínculos con otras empresas para favorecer la existencia de mercados internos de capitales e intercambio comercial.
5.     Ser más eficientes. Es importante sostener las ganancias mediante la reducción de costos (evitando reducir la planilla y los salarios): optimizar procesos, reducir costos de distribución, invertir en capacitación, etc. 
6.     Innovar. Una crisis financiera puede ser una oportunidad para explorar la capacidad empresarial. Usualmente hay incentivos gubernamentales para ello: en México bajaron las tarifas eléctricas y hay mayores opciones crediticias para la innovación. Invertir en investigación y desarrollo durante las crisis puede ser rentable, pues permite posicionamiento en el mercado. Microsoft, Nokia y Sony son ejemplos de ello.




lunes, 27 de mayo de 2013

¿En qué ciudad es más barato ser obeso?


La revista The Economist en el Reino Unido, desarrolló un Índice de Paridad Poder de Compra denominado Big Mac Index, en donde miden la subvaluación o sobrevaluación de una moneda en relación a la compra de una hamburguesa.


En el Centro de Investigación e Inteligencia Económica de la UPAEP se ha desarrollado de forma semejante, un índice en el que se compara una dieta sana y una dieta habitual del mexicano promedio. El resultado es una estimación de 46 ciudades del país, que muestra en qué lugar sale más barato ser obeso, o bien en dónde es más caro llevar una vida saludable, todo esto mediante el seguimiento mensual al crecimiento de los precios en los alimentos.

De las 46 ciudades encuestadas por el INEGI, Iguala se eligió como la ciudad de referencia, ya que es donde se han observado los precios más estables y bajos históricamente.

Algunos de los datos arrojados para el mes de abril de 2013, muestran que el crecimiento de los precios en la canasta básica es mucho mayor que el crecimiento acumulado a nivel nacional. Puebla es la cuarta ciudad en donde es más barato ser obeso, así, si una persona quisiera vivir en Puebla, en dicho mes, le saldría alrededor de 7.43% más caro llevar una vida saludable.

Parte del estudio radica en medir cómo es que impacta el precio de los alimentos en el bienestar de las personas, tanto en el sentido económico como las implicaciones que puede tener sobre cuestiones de salud, por ejemplo en la obesidad. Por lo mismo, a través de la asesoría de expertos en nutrición se desarrolló una dieta habitual compuesta de los principales alimentos que consumen los habitantes en México. La dieta saludable por su parte fue integrada por una canasta de alimentos equilibrados nutrimentalmente.

Para más detalles sobre la construcción de este índice se puede consultar el comunicado del mes de mayo y el anexo mensual del mes de abril.

viernes, 1 de marzo de 2013

lunes, 4 de febrero de 2013

Burning Money, Wasting Life


By Mariano Rojas *

It seems we have developed a practice of burning money every day.

In his Theory of the Leisure Class Thorstein Veblen argued that peoples’ consumption plays a conspicuous role.  Veblen stated that people buy many products, not because these products provide a functional utility in their lives but because these products allow them to tell everybody else about their social rank. The price of one’s possessions, rather than the possessions themselves, is a good indicator of one’s status in society. This argument proposed by Veblen was developed by other social scientists who emphasized the role played by status-seeking in people’s behavior. For example, James Duesenberry, a well-known economist, proposed his relative-consumption hypothesis; i.e. people’s consumption is motivated by their relative standing rather than by their absolute needs. Duesenberry is well-known for his ‘keeping up with the Joneses’ view. People spend because they do not want to end up falling behind their neighbors. People are even willing to see their savings vanishing and even willing to go for a second mortgage in order to remain at the same level as their neighbors, or to rise above.

In 1976 Fredrick Hirsch advanced the idea that we live in a positional society. In this view, most of us have enough resources to cover our basic needs, such as food, clothes and shelter. Most of us also have sufficient resources to buy dinnerware, beds, heaters, sport shoes, education, health services and others. After buying all these goods and services, some of us still have resources available or an easy access to credit. What to do with these resources? The answer is that we can use them to show our social status. We spend on goods not for their own sake, but for showing others that we can do it while they can’t. How else can you explain the recent gift of a US$ 80,000 Barbie doll given by a famous female singer to her 1 year old daughter?

To explore the importance of the positional-society argument, some Swedish researchers asked people to express a preference between different products; for example the question could be: If given the opportunity to own a car at no cost, would you prefer a:

Chevrolet Malibu
Chevrolet Cruze
Most people who are familiar with cars would prefer a Chevrolet Malibu (some environmental considerations could make someone bend towards the Chevrolet Cruze)

However, let’s frame the same question within a context, which is a more realistic exercise: If given the opportunity to own a car at no cost, would you prefer a

Chevrolet Malibu, while everybody else (e.g.: your colleagues and neighbors) own a Chevrolet Impala
Chevrolet Cruze, while everybody else (e.g.: your colleagues and neighbors) own a Chevrolet Spark
Most people facing this choice bend towards situation b), that is: they prefer to own a Chevrolet Cruze rather than a Chevrolet Malibu not because of the car itself but because of the context it involves which implies a better relative standing. The same exercise is done with different products (designer clothes, house sizes, and so on) and the importance of one’s relative standing shows up many times

People care about their relative standing and they are willing to work longer and to borrow money in order to climb the social ladder. However, what happens when everyone works harder, spends their savings, and opts for borrowing money or even for going for a second mortgage in order to climb the social ladder? We all spend more, we all end up working more hours, we all end up spending our savings, we all end up having more debt, but we do not end up in a better relative standing. Behavior motivated by relative-standing presents a big problem for us. What is true for someone from a partial perspective is not true for everybody once we have the full perspective. In other words, if someone buys a Chevrolet Cruze while everybody else keep driving a Chevrolet Spark then her relative standing improves and this provides her with social status and a sense of success in life which is associated to her well-being. She may even find it acceptable to work extra-hours or borrow money in order to get this rung up on the social ladder. However, if she works extra-hours and borrows money to buy a Chevrolet Cruze while every else does the same then we all end up with a situation where there is no sense of relative success. In this sense, we are collectively burning money. Economists refer to this situation as a zero-sum game since nobody wins with this behavior. As a matter of fact the situation is even worse.  It is what economists call a negative-sum game since everybody losses with this behavior. It is not only that our relative standing is not improving, but what is worse, we have less time for our personal hobbies, for sharing time with our family, and even for exercising and taking care of our health. And we have even  more stress from the resulting debt. It is in this sense that we are wasting our lives, since our well-being is declining.

Philosophers refer to this situation as a ‘fallacy of composition’: what is true of some part of the whole is not true of the whole. The problem is that most of us cannot have a full perspective of the situation. We are so afraid of lagging behind that we have no time to ponder the whole situation

Why are we burning money and wasting our lives?

Individualistic thinking does not contribute. As in a fire, it may pay off for everyone if we collaborate to suppress the fire, but individually we may react by running to the closest door.

Depersonalized societies foster material positional goods. If we do not know our neighbors or our colleagues except for what they wear and where they live then we tend to base our judgments on what we observe of them.  The luxury of their clothes and possessions is something easy to observe. Status will be based on possession of material goods rather than who the person is. Erich Fromm tells us that being is not the same as having, but if we do not give ourselves the chance of knowing who the others are we risk judging them by our observations of what they have.

Economic indicators do not reveal this trap. The GDP is insensitive to this trap since it observes how much money we are spending but not how much well-being we experience. If we all are spending more, even by overworking and over-borrowing, then the GDP increases and we are misled

The commercial system is interested in fostering sales rather than fostering well-being, hence it keeps reminding us that what we already have is not enough. A conformist attitude is attributed to those societies where people lack the desire of having more and newer products.

Easy money does not help. The central bank policy of providing financial resources even at zero interest rates constitutes a trap. We are encouraging people to remain in this trap of borrowing more to purchase new products.  The GDP may rise, but peoples’ well-being will not.

Some quick considerations:

At the personal level let’s procure to be autonomous, that is: let’s define what is of value to us and let’s focus on those things which we value. Let’s also remember that price and value are two different concepts.  As Oscar Wilde once said “a cynic is a man who knows the price of everything and the value of nothing”.

Let’s remember that conformism is not the same as a lack of desire for purchasing. We can aspire to higher standards in education, peace, altruism, marriage, health and many other important personal goals.

Let’s enjoy what we already have. Rather than placing our attention on what others have or what we are lacking, let’s place our full attention on what we already have. We can substantially raise our well-being by enjoying what we already have. In Plato’s view a desire plays the role of telling us what we are lacking and this desire motivates us to purchase. In Spinoza’s view a desire plays a role of empowering our enjoyment from what we have. Let’s remember that to consume is not the same as to purchase. We can have fewer products and enjoy them more.

* Reproducido de la fuente original con permiso del autor.
http://wholelifewellbeing.com/2013/01/burning-money-wasting-life-by-mariano-rojas-2











viernes, 18 de enero de 2013



Conferencia: "Más allá del acceso a la Educación", impartida por la Mtra. Paola Cubas de la Universidad de Oxford. Jueves 7 de febrero a las 12:00, en el salón T- 251.